
En la primera mitad del siglo XVI se desarrolló un nuevo período en el proceso de penetración española en América: la Conquista de las tierras firmes del continente.
Este nuevo período significó un cambio en las concepciones coloniales de la Corona española, la cual, siguiendo la tradición de la reconquista peninsular, vio la posibilidad de extender su poderío territorial sobre las "tierras de nadie" que representaban América.
La anexión de los nuevos territorios a la Corona española presuponía, asimismo, la instauración de un nuevo tipo de conquista. Un sistema distinto al basado en el intercambio comercial y que se enfocaba a la directa explotación de la mano de obra nativa para labores mineras y agrícolas, y el saqueo de las riquezas de los imperios indígenas.
La Corona, soberana y propietaria de todas las tierras conquistadas, firmaba un contrato con los expedicionarios (capitulaciones), en virtud del cual se determinaba el reparto de los beneficios de la empresa: una quinta parte iba para el rey (Quinto real), una séptima para el conquistador y el resto se dividía entre los soldados.
La anexión de los nuevos territorios a la Corona española presuponía, asimismo, la instauración de un nuevo tipo de conquista. Un sistema distinto al basado en el intercambio comercial y que se enfocaba a la directa explotación de la mano de obra nativa para labores mineras y agrícolas, y el saqueo de las riquezas de los imperios indígenas.
La Corona, soberana y propietaria de todas las tierras conquistadas, firmaba un contrato con los expedicionarios (capitulaciones), en virtud del cual se determinaba el reparto de los beneficios de la empresa: una quinta parte iba para el rey (Quinto real), una séptima para el conquistador y el resto se dividía entre los soldados.






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